Hola, queridos lectores.
Como muchos de ustedes sabrán (bueno, los 11 que ven nuestros vídeos), soy un gran fanático de Ángel David Revilla o Dross Rotzank como la mayoría de ustedes lo conocen.
Los que ven sus vídeos sabrán que recientemente él organizó un "concurso". Éste consistía en escribir un creepypasta y enviárselo al antiguo correo de su página, los 3 mejores serían narrados en sus vídeos mensuales de "Historias de Terror".
He de admitir que me emocioné enormemente, Dross es una gran influencia y una especie de héroe para mi desde hace ya bastante tiempo. Me sentía obligado a participar.
Siendo honesto, no pienso que tenía oportunidad de ganar, soy muy malo escribiendo historias de terror. Tengo la necesidad de hacerlas graciosas, de convertirlas en una broma (como todo lo que escribo acá) pero el solo intentarlo me habría dado una gran satisfacción.
Escribí un par de "creepypastas"... Desgraciadamente ninguno terminó siendo una verdadera historia de terror y ambas terminaron siendo un simple relato perturbador.
Para colmo de males, no pude enviar ninguno de los 2... porque Dross pensó que ya era suficiente. Publicó el video el 3 de Junio y cerró el concurso menos de 24 horas después, el 4 de Junio.
Mi frustración es tremenda... De verdad, deseaba enviar uno decente... y por escribir 2 me quedé sin nada. En fin, voy a publicar el primero que escribí. Es más largo de lo que debía y no da miedo, de hecho no puede ser considerado como un creepypasta porque... bueno, no lo es. Además he de advertirles, carezco de imaginación. Muchos de los lectores reconocerán a uno de los personajes más famosos de los libros de Stephen King. Lo lamento, no se me ocurrió algo mejor y el concepto de ese personaje es fenomenal, de alguna manera pienso que encaja dentro del relato.
En fin, estoy divagando, escribo por escribir... no me critiquen demasiado, no es divertido.
PD: no sé como hacer para que algunos lectores comprendan que la mayoría de cosas que escribo en el blog son hechas meramente para entretener, son una broma. Pero bueno, no importa.... aprenderé a ignorar a estas personas que carecen de la capacidad de notar el sarcasmo o de darse cuenta cuando estoy siendo un troll y cuando no.
Nacht
Nacht, así le llamaban ahora. Era
una mujer joven, bella, blanca, tenía el pelo oscuro y los labios de un color
rojo intenso. ¿Cómo había ido a parar a ese lugar? ¿Por qué la habían encerrado
ahí?... Tal vez se lo merecía.
El cuarto era pequeño, húmedo y muy
oscuro. No tenía ventanas y estaba en medio del edificio (por lo menos eso
pensaba ella), la luz no penetraba en la estancia, había perdido toda noción
del tiempo. No podía ver, tenía hambre pero aún así, seguía con vida. La
experiencia en sí era como estar enterrada viva, aunque eso hubiese sido mucho
mejor. Lo que más le molestaba es que pese a la oscuridad y a la soledad, no
podía evitar sentirse observada. Sentía que se burlaban de ella, sentía que
jugaban con ella.
El sonido de las ratas moviéndose a
través de las huecas paredes la reconfortaba, había aprendido a escuchar cada
pequeño movimiento dentro de su celda. Ratas, cucarachas, gusanos, arañas…
todos estos seres pequeños se habían convertido en sus “amigos”, pero más
importante aún, en su comida diaria. Pese a que deseaba morir, algo dentro de
su ser no la dejaba.
Nacht recordaba los días felices con
su madre, tiempos en los que nada importaba. Sólo eran ella, la niña feliz de 8
años y su madre, hermosa, radiante. Todo era perfecto, las 2 jugaba en los
columpios que habían construido en el árbol del patio trasero. Sí, perfecto, hasta
que llegó él. Después de él, llegó eso.
Eso era lo que la había encerrado
allí. A eso no le había gustado que ella se revelara, eso quería que ella
siguiera siendo una niña buena.
Pero Nacht amaba a su madre.
Las últimas semanas habían sido
emocionantes, quizá las cosas terminarían pronto. Tenía la impresión de sentir
como la celda se hacía más pequeña cada día. Al principio podía acostarse sin
ningún problema, ahora debía estar sentada siempre y cuando levantaba los
brazos sus codos chocaban contra la pared. También sentía que sus “amigos”
estaban cobrando venganza por sus parientes caídos. Los gusanos poco a poco agujereaban y se
metían dentro de su cuerpo. No eran tan pequeños como los que comía, estos eran
grandes, gordos. Nacht podía sentir como se movían a través de su espalda hasta
llegar a sus pequeños senos. Los sentía pasar por su frente y sentía como se
frotaban desde adentro con sus globos oculares. No sabía cuando entraban o
cuando salían (si es que de verdad lo hacían). Nacht solo los sentía,
impotente.
Pese a todo esto, parecía haber luz
al final del túnel. La esperanza de un final era todo lo que le quedaba.
Él había engañado a su madre, la
había hechizado. Nunca entendería el por qué, pero su madre se había casado con
él. Ese cerdo asqueroso. Nacht lo odiaba con todo su ser… Deseaba matarlo. Lo
deseaba cada vez que su madre lloraba por las noches cuando él no estaba. Lo
deseaba cada vez que él aparecía borracho a las 2 de la mañana y le daba una
paliza a su madre por no ser suficientemente buena para él. Acto seguido le
arrancaba la ropa, la arrinconaba contra la pared, sacaba su miembro y lo
introducía en el ano de su madre, mientras ésta suplicaba que parase.
– ¿Te gusta, eh zorra?. ¡Dime que te gusta y
discúlpate por ser una putita arrogante! – Decía él, calvo y gordo. Nacht lo
observaba con odio, observaba como él descaradamente violaba a su madre
mientras ella veía… y a él le gustaba eso. –¿Tu también quieres, eh?.
Paciencia, pronto llegará tu día, Sólo estoy esperando a que tu delicioso
culito crezca un poco –.
Nacht recordaba como en las clases
de filosofía le explicaban como el tiempo era relativo. No sabía si habían
pasado horas, días, meses, años o minutos. La verdad no importaba, siempre era
igual de tortuoso. Tenía frío, el movimiento de los gusanos dentro de ella no
la dejaban dormir, no podía mover los brazos hacia los lados o las piernas
hacia delante. Estaba encerrada en una especie de rectángulo, acomodad en
posición fetal. Tenía la suficiente movilidad como para meter sus dedos en
algunos de los agujeros que le habían hecho. Por más que la idea le pareciera
asquerosa, había probado el fluido que salía de ellos, una mezcla de sabores
entre sangre y pus se había quedado estancada en su paladar. No pudo evitar
vomitar.
Nacht se había convertido en una
mujer bella, fuerte y segura de sí misma. No lloraba nunca, no lo hacía desde
que tenía 11 años, ese fatídico día en el que eso la había consolado y le había
ayudado. Sin embargo, Nacht no pudo evitar llorar en aquella ocasión, deseaba
morir, rápidamente. No podía suicidarse, no podía morir de hambre, no podía ahogarse.
¿Por qué los gusanos no se comían su cerebro o pasaban por su corazón?. Todo sería
más fácil. La respuesta se reveló ante sí antes de poder analizarla. Eso no
quería que muriera. No sería divertido.
A la distancia escuchaba gritos,
máquinas, taladros, súplicas y maldiciones. Eran apenas meros susurros como el
sonido de las arañas pero Nacht estaba segura que eran reales. ¿Terminaría
pronto?. Esa era la única pregunta que tenía. Era lo único en lo que podía
pensar. Estaba desesperada. Temblaba, se sentía dentro de una caja pequeña, tan
pequeña que cuando temblaba sentía como su ser chocaba repetidamente contra las
paredes, en alguna ocasión escuchó un crujido viscoso dentro de su espalda
cuando chocó contra la pared.
El olor de su propio vómito, sus
heridas infectadas y sus órganos en descomposición eran cada vez más
insoportables.
Nacht lloraba. Su madre había
muerto, él la había matado. Ese bastardo era el responsable. Su madre había
cambiado mucho, ya no le hablaba, su mirada era vacía, parecía como si ya
hubiera muerto.
El día en que se ahorcó, no le dijo
ni una sola palabra a Nacht, no le explicó nada. Quizá no creía que fuese
necesario.
Él había salido a beber con sus amigos, era noche de fútbol, el resultado de su equipo favorito siempre era razón para ir al bar a celebrar y a quejarse con los amigos sobre lo estúpida que era su mujer.
Su madre había aprovechado eso, tal
vez llevaba planeándolo por meses, imposible saberlo. Aprovechó sus
conocimientos como exploradora e hizo un muy buen nudo, demasiado bueno. El
resto no necesita mucha explicación. Con la soga en el cuello, la amarró al
árbol y terminó guindando junto a los columpios que alguna vez habían servido
para hacer felices a ella y a su hija.
Cuando el llegó y la vio no se
inmutó. Estaba muy ebrio. Trato de follarla analmente mientras guindaba, pero
le fue imposible. Nacht despertó vio toda la escena. Observó como él iba a la
cocina y agarraba un cuchillo, solamente para cortarle la cabeza a su mujer,
bajarla del árbol y meter su miembro en el ano del cadáver.
Fue cuando eso apareció. Un ser
alto, pálido, sonriente. Llevaba un sombrero, que le tapaba la parte superior
de la cabeza, pero Nacht notó que no tenía ojos.
– Sé lo que deseas. Pídemelo y te
ayudaré. Pero no será gratuito. Me divertirás cuando llegue el momento –
No lo pensó. Apenas respondió con un
tímido “sí” eso lo llevó a él a la habitación principal. Él gritaba
desesperado, eso le parecía horrible. El monstruo era poderoso, lo encadenó los
brazos y las piernas a la cama y lo desnudo. Le dio unas tijeras largas y
afiladas a Nacht, luego dijo – Es todo tuyo, pero apresúrate que tengo hambre –
mientras salía de la habitación.
La niña observó las tijeras,
sonriente. Él lloró, pidió clemencia, rogó por su vida… pero a ella poco le
importaba, no lo quería muerto, quería hacerlo sufrir. Lo primero que eso fue
cortarle los genitales, con furia mientras él observaba y lloraba. Le incrustó
las tijeras abiertas en el ano y empezó a cortar con enojo y sorprendente
facilidad. Había sangre en toda la habitación. Nacht reía, estaba eufórica,
clavo las tijeras en los ojos de él y salió de la habitación tranquilamente
mientras eso volvía para terminar el trabajo.
La policía con encontró el cuerpo
degollado y sodomizado hasta 4 días después. El reporte inicial describía la
herida en lo que quedaba de la cabeza (la lengua, la quijada y parte del
cuello) como una mordida de algún animal enorme.
10 años habían transcurrido desde
ese momento y ahí estaba Nacht, pagando su deuda con la criatura.
Sentía como poco a poco su piel se
despegaba de su cuerpo, le dolía todo y sentía como si un acido le carcomiera
su carne.
Se le hacían huecos en todo el
cuerpo y fragmentos de su cara caían. Ya no era culpa de los gusanos.
A la distancia escuchó pasos…
lentos, sombríos, malignos, acercándose lentamente… Nacht sudaba. Sí, deseaba
que terminara, pero ¿cómo se sentiría morir?. Nunca se lo había preguntado y de
repente una sensación de impotencia y vacío se apoderó de ella. La impotencia
de saber que todo llega a su final y que ella no podía hacer nada para
evitarlo. ¿Dejaría de existir? ¿Habría algo después de la muerte?. Siempre
había pensado que eran historias para reconfortar a los tontos, pero que bien
se sentiría tener la certeza de seguir viviendo. Eso deseaba.
Un frío horrible invadió la
estancia, una pequeña luz se distinguía al final de la caja que se había
convertido en un pasillo infinito. Poco a poco la figura de eso se acercaba a
ella. Sonriente, tranquilo, disfrutando cada segundo.
Eso había dicho que tenía hambre.
¿Se alimentaba del miedo?. Algo así había leído en algún libro.
Conforme se iba acercando, Nacht
tenía más frío. Temblaba descontroladamente, estaba destrozada, la piel se le
caída formando agujeros en todo su cuerpo y eso estaba frente a ella.
Al principio la oscuridad no la dejó
observar bien su rostro, pero poco a poco lo logró reconocer. Era la cara de
él, su padrastro, sonriente y vengativo. Nacht gritó. Se abalanzó sobre él y
con desesperación le mordió un ojo. Eso la quitó de encima como si fuera una
muñeca de trapo y se levantó sonriente. Se cubría el ojo con una mano y reía
histéricamente con voz femenina. Nacht la observaba, era la cara de su madre.
Muerta, con medio ojo chorreando un líquido negro similar al petróleo, abrió la
boca de manera imposible. Tenía 3 bocas con 3 hileras de dientes. Era una
escena espantosa y aún así, de alguna manera su madre seguía irradiando
belleza.
Su madre la empujaba en los
columpios. Era un día soleado, perfecto. Ambas reían. Nacht se cayó del
columpio aterrizando pesadamente junto a las rosas que su madre había plantado.
Empezó a llorar, pero su madre le dio un beso en la frente y la abrazó
amorosamente.
– Te amo mami –. Dijo Nacht, cerrando los ojos para
disfrutar del abrazo y el aroma de las rosas.

